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El objetivo de los fundadores, Gisela y Gernot Huber, al crear dos parques de esculturas fue lograr armonía entre arte y naturaleza: uno, ubicado sobre una colina de una morrena terminal correspondiente a la Glaciación de Saale, en el sur de Hamburgo, desde donde puede verse, más allá de un antiguo pinar, el valle del río Seeve; el otro, situado en las secas cuestas meridionales de Tenerife, con cactus varias veces centenarios frente al escenario del Teide y la vastedad del Atlántico.
En 1990, el diseñador y escultor Gernot Huber se retiró de su actividad internacional en el mundo del diseño para cumplir, creando sus propias esculturas, su sueño de una simbiosis entre naturaleza, arquitectura y arte en sus fincas. Con el fin de conservar para las futuras generaciones los parques artísticos así originados, esta pareja creó en 1997 la FUNDACIÓN GERNOT HUBER (GERNOT HUBER-STIFTUNG) sin fines de lucro, bajo el lema: “En tiempos en los que la promoción del arte por parte del Estado es cada vez más escasa y el auspicio desinteresado del arte por parte de la economía se torna cada vez más infrecuente, los ciudadanos se hallan ante un desafío. Es por ello que decidimos transformar nuestra propiedad inmobiliaria en una fundación promotora del arte y sostener las actividades ligadas a ella con un patrimonio fundacional. De esta forma devolvemos a la sociedad lo que hemos logrado y ganado en ella.” La fundación encarga esculturas a artistas internacionales y da becas de trabajo a jóvenes escultores talentosos que, de esta forma, pueden plasmar sus ideas en la meridional luz de Tenerife. Se da preferencia aquí a la escultura concreta (en lugar del arte conceptual o pseudoarte). |
En el parque, situado 25 km antes de la city de Hamburgo, en Seevetal-Ramelsloh, se exhiben exclusivamente trabajos cinéticos. Es algo único en Europa. Allí giran, oscilan y centellean al viento las esculturas hechas mayormente de acero, aluminio y acrílico entre la pradera, el agua y el bosque. En un gabinete cinético construido especialmente para ello, se presentan trabajos de interiores que son movidos por luz negra y motores eléctricos.
En la finca de esculturas “Los Cardones”, de 80.000 km2, ubicada en Granadilla-San Isidro, en Tenerife, se emplean, además, como materiales rocas volcánicas de hasta 20 toneladas, acero, vidrio, madera y cactus vivos. Las obras se hallan aquí , en medio de una naturaleza no destruida, sobre una loma volcánica entre palmeras, euforbias perennes y tunas, dentro de cuevas y alrededor de la casa sólidamente construida con toba volcánica que, conforme al diseño de su propietario, aúna el viejo estilo de construcción canario y la vida y el trabajo modernos. Ambas colecciones se irán ampliando constantemente en el futuro con obras del fundador, adquisiciones y trabajos de los becarios, de modo que documentarán la evolución de la escultura a partir de 1990. |
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